viernes, 15 de agosto de 2014

Día 11 - 15 de Agosto 2014

Nos despertamos en Ólafsfjörður. En un bungalow de madera muy confortable, donde dormimos en un altillo, Aaron se hizo el remolón en la cama y Esther aprovechó para hacer una foto.


Ponemos rumbo a Erpstaðir, pero antes bordearemos la península de Tröllaskagi dirección a otra península, la de Vatnsnes, para ver focas.

El GPS nos lleva por un camino de grava, no está en mal estado, y un vehículo como el nuestro puede circular sin ningún problema, pero preferimos el asfalto.


Como no tenemos mucha prisa nos lo tomamos con calma y hacemos diversas paradas para hacer fotos. En una de ellas, Aaron baja y cuando se va a girar para decirnos que el sitio no es nada del otro mundo, otra pareja de catalanes que también está haciendo una parada, le dice que se fije bien, que en el agua hay una ballena. Y los demás nos bajamos rápidamente del coche para buscarla.

Cuando la vemos aparecer, volvemos a gritar como locos, y esta vez la hemos visto desde la carretera!!! nos parece algo increíble!!!



Seguimos nuestro camino.

Por esta misma carretera de grava, llegamos a una roca que se alza dentro del mar, Hvítserkur en Ósar. Se puede ver desde un mirador, aunque los más osados descienden por la resbaladiza ladera hasta llegar a la playa.



Justo en este momento empieza a llover, así que hacemos un pit-stop para ir al servicio y proseguimos el camino.



Como aún nos queda un largo trayecto hasta nuestro destino final, paramos a comer en un restaurante que recomienda la Lonely. El local se llama Geitafell y según nuestra guía es un antiguo granero reconvertido en restaurante, donde su propietario es el hijo de un pastor escocés que emigró a Islandia para predicar y enseñar a jugar a fútbol.


Este local tiene una carta muy limitada.


De entrante, ensalada con mozzarella. De segundo nos dan a escoger entre sopa de pescado o de lentejas. De postre, tarta de skyrt, de chocolate y de rabárbaro.





En este punto tenemos que apuntar que aunque la comida es deliciosa y casera, el precio es caro, y el local, como es el único restaurante en kms. está lleno de autocares de turistas.

La cuenta asciende a 20.600ISK, unos 133 € los cuatro por una ensalada, una sopa, cerveza y café. 


Esther habla con una de las camareras que es de Burgos. Le explica que empezó a trabajar en mayo y se quedará hasta septiembre. La pobre chica está agobiadísima, porque  las condiciones de trabajo no son las que pactó antes de empezar y que se encuentra aislada del mundo, trabajando 11h seguidas, y que el sueldo no compensa. A veces pensamos que salir fuera es la mejor opción, pero explotadores hay en todas partes.

Salimos del restaurante criticando a los dueños, e indignados con ellos y con esta conversación ponemos rumbo a las colonias de focas. La lluvia no da tregua, y no tenemos ganas de ponernos a buscar focas, vemos un faro de camino y hacemos alguna foto.


Llegamos a nuestro "hogar" por esta noche. Una cabaña dentro de una vaquería. La casa es muy grande, con 3 dormitorios y un comedor gigante con sofá cama, hoy no nos pelearemos por estar apretados.

Nos vamos al pueblo de al lado, Bárðardalur, a buscar víveres para la noche y desayuno de mañana.

En la cabaña no tenemos internet, así que pasamos la tarde/noche jugando a juegos de mesa y poco más, cuanto se echa de menos poder estar conectado, pero os podemos decir que se puede sobrevivir.


jueves, 14 de agosto de 2014

Día 10 - 14 de Agosto 2014

Conforme nos vamos acercando al final de este viaje, tenemos la sensación que esta isla quiere despedirse de nosotros regalándonos días de sol para que la echemos de menos, pero lo que ella aún no sabe, es que ya la llevamos en nuestros corazones.

Hoy nos despertamos con un sol de justicia y después de 4 días, abandonamos con tristeza nuestro campamento base en Foshóll, para poner rumbo a Olafsfjörður. Como sólo tenemos 1h30min de camino nos lo tomamos con calma, y vamos parando en cada bonito rincón que encontramos por el camino.



La primera parada la hacemos en  Möðruvellir, para visitar otra iglesia. Las iglesias de Islandia son luminosas y acogedoras y con muchas menos imágenes de santos y cristos crucificados que las nuestras.



Paramos en Árskógssandur, un pueblecito pesquero, situado en otro fiordo y nos hacemos fotitos con caballos islandeses que encontramos por el camino.




Llegando a Dalvík hacemos un par de fotos en un lago con reflejos.


Pasamos por un túnel bastante largo, de un sólo carril. Tenemos que ir metiéndonos en los espacios habilitados, para que los coches que vienen de frente puedan pasar.


Comemos en Olafsfjörður, en la única pizzeria/restaurante del pueblo. Llegamos justo a las 2, cuando la única empleada tiene que plegar. La vemos bastante apurada y nos sabe mal, pero hace un esfuerzo y nos hace la comida. Comemos rápido y cerramos el local rápidamente con ella. Le dejamos una propina bastante generosa para agradecerle el esfuerzo.

Nos vamos al siguiente pueblo en un fiordo, Siglufjöður . Para llegar tenemos que pasar por dos tramos de túneles, uno de 3,9km y el siguiente de 7,1km, y gratis, algo a lo que no estamos acostumbrados.

Aqui hay curiosas casitas de colores, que nos recuerdan a las fichas del parchís, verdes, amarillas, rojas y azules, y una antigua fábrica de arenques.



Llegamos justo en el momento en que los pescadores vuelven de faenar y vemos las cajas repletas de pescado.




Damos una vuelta por el pueblecito.





Pasamos por delante del museo del arenque.


De vuelta al hotel, nos paramos un momento en el estrecho fiordo entre tramos de túneles.


Nuestro hotel se llama Brimnes, y son unas mini cabañitas de madera. En la terracita hay una bañera tipo jacuzzi. Lo llenamos y nos damos un bañito en un marco incomparable.




Nos relajamos en la cabañita. Aaron aprovecha para ir a correr un poco e intentar jugar a fútbol con los niños del equipo local. Cuando llega ya han acabado, así que se pone a jugar él solo y vuelve.

Pasamos la noche escuchando musiquita, conectados a internet y hablando, acabando de disfrutar de la recta final del viaje.

miércoles, 13 de agosto de 2014

Día 9 - 13 de Agosto 2014

Después de un día de relax como el de ayer, nos proponemos poner un poco de acción a nuestras vacaciones. Cogemos el coche y ponemos  rumbo a Húsavík, capital de la observación de ballenas de Islandia.

Antes, visitamos la cascada de Goðafoss, que está situada justo al lado de nuestro guesthouse.





Ya en Húsavík, hemos contratado la excursión con la compañía Gentle Giants, esta dispone de dos tipos de embarcaciones, unas barcas grandes de pesca que salen a 56€ (3 horas), y unas flamantes zódiacs a 99€  (2h. 30m.). Nosotros nos decidimos por las zódiacs, que según nos han informado, pueden recorrer más distancia por el fiordo en menos tiempo.

Como nuestro turno no es hasta las 14h., damos una vuelta por el pueblo. Visitamos una iglesia y entramos en una  tienda de souvenirs.




Paramos en un local a tomar algo para hacer tiempo. Aquí han entrado unos niños vestidos del equipo de fútbol del pueblo acompañados de una niña con la camiseta del Barça de Ronaldinho. Juanki no ha podido aguantar y ha sacado su bandera del Barça que nos ha acompañado durante el viaje, y los niños, entusiasmados, han empezado a aplaudir.



A Juanki le ha hecho mucha gracia la reacción de los niños y la ilusión con que miraban la bandera, así que ha decidido regalársela a la niña, que de la emoción y la incredulidad sólo ha podido dar las gracias muy tímidamente. De reojo veíamos lo contentos que estaban con el regalo, la niña se la ha atado al cuello, a modo de capa y se ha ido contentísima.



Cuando llega la hora de la excursión, nos hacen vestir con unos monos y unas gafas. Parecemos más paracaidístas que avistadores de ballenas inexpertos.



Nos cruzamos con el grupo que baja de la zódiac, que ha salido en la excursión anterior a la nuestra, y nos comentan que tras 3 horas en el mar, no han visto ninguna ballena, sólo pájaros, y que han pasado muchísimo frío. Nos desanimamos mucho, pero decidimos seguir adelante cruzando los dedos, a ver si nosotros tenemos más suerte.

Nos sentamos en la zódiac como si de un caballo se tratase y el skipper empieza a darle caña. Es bastante divertido ir a toda velocidad, saltando sobre las olas y nos reímos mucho.

Nos paran delante de un islote donde está la mayor concentración de frailecillos de toda Islandia. Los vemos un poco de lejos pero lo suficiente como para poder obtener alguna foto de ellos con los picos llenos de peces, gracias a los teleobjetivos.


A continuación empieza lo bueno, vamos a buscar ballenas!!

La zódiac se dirige a toda velocidad a un punto del fiordo donde ya hay más barcos reunidos, creemos que por radio, se avisan entre ellos, y se informan en que punto han visto a la ballena asomarse a la superficie para tomar aire.

Después de un rato esperando, la guía que se llama Sandra y es de Vigo nos dice que el capitán ha visto la espalda de una ballena, y empezamos a perseguirla a todo gas.

Parece que estamos jugando al ratón y al gato...o más bien persiguiendo sombras. A cada aviso, la zodiac acelera y vamos los primeros a por ella, pero todavía seguimos sin haber visto nada.

La excursión dura 2h30min, y ya hemos consumido casi todo el tiempo, esto nos desanima por completo... pero oímos al capitán y a Sandra gritarnos, y por fin la vemos aparecer, comenzamos todos a gritar de ilusión, parece mentira la emoción que supone ver a este animal en libertad, es un momento mágico, aunque sólo vemos una aleta de la ballena minke o ballena enana, nos damos por satisfechos.


Pero esto no acaba aquí. Empezamos la persecución de esta ballena. Hay una goleta cerca que avisa por radio al capitán de nuestra zódiac y este empieza a acelerar para que la podamos ver otra vez.



Volvemos bastante contentos al puerto, aunque no hayamos visto la típica imagen de la cola de la ballena, la experiencia ha valido la pena.





Llegamos y comemos en el restaurante Gamli Baukur cerca del muelle. Comemos muy bien y para ser Islandia no lo encontramos caro, unas 12.000 ISK (77€) los cuatro.


Al acabar volvemos a nuestro hotel, a pasar la última noche allí, relajándonos y disfrutando de cada momento. Nos lo hemos ganado.