Entramos a la ciudad por una puerta en la muralla y andamos por la calle Pikk, una de las calles más bonitas de la ciudad. Compramos algunos souvenirs.
Entramos en la Iglesia de St.Olaf (Oleviste kirik). Aquí cogemos la entrada para subir a la torre sin saber lo que nos espera, 258 escalones para subir los 60m que dan acceso al mirador. La torre en total asciende a 123m en su punto más alto. La entrada nos cuesta 5€ por adulto y a Dídac lo colamos como si tuviera menos de 8 años para que no pague, así nos ahorramos 3€.
La escalera de caracol se hace eterna y los gemelos y la respiración se resienten. Hay un pequeño descanso a mitad del ascenso, donde la gente se para a recobrar un poco el aliento, pero Dídac no para, nos toca subirla del tirón. Por suerte son las 10 de la mañana y acaban de abrir, así que no nos cruzamos con mucha gente.
Las vistas desde la torre son impresionantes y se puede apreciar Tallin desde un punto de vista inigualable.
La vuelta al mirador de la torre debe hacerse en un sentido, ya que hay espacios muy estrechos en los que no se pueden cruzar 2 personas.
Bajamos de la torre, y seguimos por la calle Pikk. Llegamos a la Iglesia Ortodoxa de St.Nicolás (Nikolai kirik). Otra de esas iglesias que son bonitas por fuera y por dentro, pero donde está prohibido fotografiar su interior.
Cerca de esta iglesia, se encuentra la catedral Católica de San Pedro y San Pablo (Tallinna Peeter-Pauli katedraal), otra iglesia cuya fachada nos llama mucho la atención.
El siguiente punto es el pasaje de Santa Caterina (Katariina Käik) que nos lleva a la iglesia con el mismo nombre (Püha Katariina kirik).
Al cruzar el pasaje vemos que la entrada a él era por el otro lado, justo a los pies de las antiguas murallas.
Siguiéndolas llegamos a la puerta de Viru (Viru Väravad).
Desde aquí ya se puede apreciar la torre del Ayuntamiento (Tallinna raekoda).
Seguimos por la calle Viru para ir a verlo, cruzándonos con el restaurante Olde Hansa, típico restaurante anunciado en todas las guías turísticas, ambientado en la época medieval.
Sin lugar a dudas, la plaza del Ayuntamiento es la zona más bonita de Tallín, rodeada de casitas de colores y con bancos de madera donde poder descansar.
En una de las esquinas de la plaza se encuentra la farmacia más antigua de Estonia del año 1422 llamada Raeapteeksa, con exposición de objetos antiguos.
Cerca del Ayuntamiento se encuentra la oficina de información, donde compramos los sellos y enviamos la postal. También cogemos un mapa para ver si nos hemos dejado algo en nuestra lista.
Proseguimos hacia la Iglesia de St.Nicolás y el Museo Niguilista.
Encaramos la subida por la calle Lühike Jalg para llegar a la Catedral De Alejandro Nevski (Aleksander Nevski katedraal).
Al ser ortodoxa volvemos a encontrarnos con la prohibición de hacer fotos de su interior.
Delante de esta iglesia tenemos el castillo de Toompea y Parlamento.
Al otro lado nos encontramos con las murallas.
Nos encontramos en el barrio de Toompea y de camino al mirador de Piiskopi pasamos al lado de la Catedral de Santa Maria, repleta de escudos en sus paredes. La entrada cuesta 2€ y 5€ si se quiere subir a la torre. Vemos muchos turistas que entran y salen al momento, así que pocos la deben visitar.
Hacemos lo mismo y nos dirigimos al mirador. Sinceramente las vistas no son nada del otro mundo ya que no se ve la ciudad, solo las afueras. Lo más divertido que nos pasa aquí es una gaviota que se acerca para que la fotografiemos.
Bajamos por la calle Pikk Jalg camino a la iglesia del Espíritu Santo, aquí nos encontramos el centro Picasso y saludamos a otros turistas que como nosotros, están haciendo la misma ruta y nos vamos encontrando por los diferentes lugares que visitamos.
Nos colamos en la Iglesia del Espiritu Santo (Püha Vaimu kogudus) aprovechando que entra un grupo de turistas y nos acoplamos a él. Hacemos un par de fotos y salimos.
Justo delante se encuentra la embajada rusa, con policías en la puerta custodiando la entrada, y repleta de pancartas con mensajes contrarios al país y a la guerra con Ucrania.
Al lado de la embajada está el museo de historia de Estonia, Great Guild Rall.
Por último, antes de volver al Ayuntamiento pasamos por la calle Saiakang, desde la cual se puede hacer una foto pintoresca con la iglesia de fondo.
Descansamos tomando una cervecita en la plaza del Ayuntamiento.
De camino al restaurante Old Hansa nos informamos de los precios para visitar el Ayuntamiento, 15€ el pack familiar.
Al llegar al restaurante vemos sus precios y nos asustamos, con algunos platos rondando los 100€.
Volvemos a la plaza y entramos en el Ayuntamiento, aquí vamos justos de batería en el iPhone.
Visitamos varias estancias, desde una ventana abierta, admiramos las vistas de toda la plaza y visitamos el ático, con objetos y maquetas. En unos de los plafones informativos, vemos que en el tejado del Ayuntamiento hay un muñeco, el Old Thomas. Esto hace que solo salir apuntemos nuestra cámara hacia arriba para poder enfocarlo.
Comemos en la terraza del restaurante Tule Estonia, situado en esta misma plaza.
Aaron se cuela en la segunda planta del restaurante y se encuentra con un salón super antiguo y unas vistas increibles de la plaza.
Sin batería y habiendo visto todo, volvemos al apartamento, con parada previa en el McDonalds para un café y helado. De vuelta al apartamento nos encontramos con varios coches deportivos.
Descansamos un par de horas en nuestro apartamento y volvemos a la carga.
Primero jugamos en un parque infantil y de ahí a visitar el barrio de Rotterman donde nos encontramos hospedados, para ver sus tiendas, esculturas y restaurantes. Nos gusta mucho esta zona.
Vamos a comprar suministros al súper y decidimos cenar en un restaurante mexicano. La comida no es que la vayamos a recordar como el mejor restaurante que hayamos ido pero la zona y la mesa con columpios hará que no lo olvidemos.
Nos ha gustado tanto el centro de Tallin, que decidimos volver para ver el ambiente, volviendo a pasar por la puerta de Viru y descansando en la plaza del Ayuntamiento para despedirnos de la ciudad.
Hacemos una videollamada con los hermanos de Esther para ver cómo les están yendo las vacaciones a ellos.
Estamos muy relajados y tranquilos en los banquitos de madera pensando en el ferry de mañana a Helsinki cuando nos damos cuenta de que el ferry es dentro de 2 días no mañana!! Nos asustamos y revisamos el planning...efectivamente, aún nos queda otro día en Tallín.